Máquinas de ejercicio antiguas que parecen dispositivos de tortura

Masajeador Slendo

Imagina ser envuelto en bobinas de metal mientras unos resortes golpean tus muslos, caderas o glúteos. Esa era la idea del Masajeador Slendo de un día de spa en la década de 1940. Presentado como una forma lujosa y no invasiva de eliminar la grasa no deseada, la máquina funcionaba haciendo rodar bobinas mecánicas sobre áreas específicas del cuerpo. Las mujeres hacían fila en los “salones de adelgazamiento” para ser suavemente golpeadas para embellecerse, usando perlas y tacones, por supuesto.

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El Masajeador Slendo parecía menos un equipo de fitness y más un potro de tortura con un argumento de venta. La promesa era que podías adelgazar simplemente quedándote quieta, sin dieta, sin ejercicio, solo “tonificación pasiva”. Pero, como era de esperar, no había ninguna evidencia científica que lo respaldara. De hecho, el único resultado real era un masaje extraño y un golpe en tu bolsillo. Con el tiempo, la gente se dio cuenta de que los resortes no tensaban nada excepto su paciencia, y este extraño artilugio cayó en el olvido, recordado principalmente a través de fotos en blanco y negro de mujeres tratando de no hacer una mueca.

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Máquina de Cinturón Vibratorio

A mediados del siglo XX, incontables personas esperanzadas acudieron a salones y gimnasios caseros para probar la máquina de cinturón vibratorio, creyendo que podrían sacudirse para conseguir una figura más esbelta. El concepto era simple, y casi demasiado bueno para ser verdad. Te subías a la plataforma, te ajustabas el cinturón ancho alrededor de la cintura, accionabas un interruptor y dejabas que el cinturón hiciera su trabajo, sacudiendo tu cuerpo como una maraca humana. Prometía pérdida de peso, tonificación muscular y una figura envidiable, todo sin sudar.

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En realidad, la máquina hacía poco más que vibrar tus partes flácidas. No había pérdida de grasa, ni transformación mágica, solo muchos movimientos incómodos y algún que otro moretón. A pesar de su ineficacia, se convirtió en un elemento básico en salones de belleza y anuncios durante años, jugando con la eterna búsqueda de la sociedad de una solución fácil para el fitness. Hoy en día, se recuerda más por su valor cómico que por cualquier beneficio para la salud, apareciendo a menudo en memes de gimnasios antiguos y bloopers de fitness retro. Es un recordatorio divertido de que el fitness alguna vez dependió más de los buenos deseos que de la ciencia real.

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